martes, 16 de octubre de 2012

La Condesa de Haussonville


Me gusta pensar que el arte del retrato nació por la vanidad y la envidia. Vanidad porque, en un momento dado, a alguien se le ocurrió que no sólo los que tuvieran la suerte de conocerle podría contemplarle, sino que debía haber más y que para eso era necesario plasmar su imagen en algún soporte que pudieran disfrutar muchos otros, ya que él no tenía el don de la ubicuidad. Lástima. Y envidia porque, cuando otro alguien se dio cuenta de que había una imagen del primero pululando por ahí, quiso la suya, que no iba a ser menos. 

Me gusta pensar que, gracias a dos pecados capitales, o quizás más, el arte del retrato fue evolucionando en formas, colores, técnicas y tendencias, para regalarnos hermosísimas pinturas que nos muestran a las personas que fueron y ya no son carne, pero que son inmortales.

El retrato es una forma poderosísima de hacernos jugar, si queremos, a adivinar la personalidad de una persona, su estado de ánimo, sus inquietudes, gustos, anhelos, miedos o trágicos destinos. A través de los colores, la expresión, los accesorios, la postura, la composición o la luz, el artista nos convierte en lectores de almas. Nos deja jugar a ser Dios. 

Hay miles, millones de retratos dignos de admiración pero hoy vamos a fijarnos en Louise de Broglie, Contesse d'Haussonville (1845), de Jean Auguste Dominique Ingres, más conocido como Dominique Ingres, (1780-1867), pintor romántico francés, ferviente defensor del dibujo y la pureza de las formas (como ya vimos con "La bañista de Valpinçon").

Juguemos a ser Dios con Louise de Broglie. ¿Cómo es? ¿Cómo quiere Ingres que pensemos que es Louise?

La Condesa de Haussonville ocupa el centro de la composición. A pesar de que utiliza una gama de colores algo apagada, el artista utiliza la luz de la piel y el vestido para destacar la figura sobre el resto de objetos, claramente secundarios. 

Louise aparece retratada en lo que podría ser su alcoba aún sin arreglar, podemos ver algunas telas en los brazos de los sillones, pero esto no tiene importancia. Ingres hace que nos fijemos en la figura de la mujer, indolentemente apoyada sobre un tocador, quiere que nos fijemos en su piel joven, blanca, tersa, sin mácula: es una mujer de la alta sociedad, que nunca ha trabajado y que, desde luego, espera no trabajar. La muestra en actitud pensativa pero inexpresiva, como si la mayor decisión que tuviera que tomar en su vida fuera de qué color son las enaguas que debo llevar hoy.

Como ya hizo en otros retratos, Ingres utiliza un espejo no para agrandar la estancia, como otros artistas, sino para mostrarnos la suave curva del cuello de Louise, su peinado, su adorno. No quiere que nos perdamos detalle. No perdáis detalle: fijaos en la peineta de su moño, en las discretas sortijas (oh, vaya, está casada, suerte la próxima vez), en la pulsera adornada con un aguamarina...

Claramente, Ingres me dice que Louise era de posibles, no hay más que fijarse en la riqueza del raso azul de su vestido, que parece que vaya a susurrar de un momento a otro con el movimiento de sus piernas. Refleja de manera exquisita los pliegues y el volante de la falda, los lazos de las mangas. Definitivamente, era una mujer rica. Y coqueta: lleva su brillante cabello peinado cuidadosamente, y lo adorna con un suave lazo de raso rojo. Ingres también me dice que Louise tiene una belleza natural que merece ser retratada tal cual: la retrata sin maquilleje, serena, lozana en su juventud. Luminosa.

Me gusta pensar que a Ingres le caía bien Louise, que compartieron risas y confidencias mientras ella posaba para él, que tuvo que reprenderla en algún momento si perdía la postura, que se enamoró un poco de esa bonita joven tan tranquila...

Querido Ingres, espero haber entendido bien lo que querías decirme. Saluda a Louise de mi parte.

GordiPe

8 comentarios:

Eingel dijo...

Interesante reflexión. Se nota que me falta mucho por aprender sobre arte

Un beso

Anónimo dijo...

el susurro del raso... tal cual.
buenísima interpretación del cuadro (que tampoco sé si es la buena o no, pero me encanta).
enhorabuena gordipe!
muaks!!
LP

Euclides dijo...

El arte del retrato, con independencia de las cualidades estilísticas (la predilección de Ingres por la línea bien trazada no necesita más comentario) cuando alcanza para mí una culminación es cuando ves un carácter, se transparenta una actitud, una personalidad, y en este caso es innegable que Ingres nos quiere transmitir como es o como él ve a esta dama.

Sil dijo...

Gracias a los tres por vuestros comentarios ;)

La Rizos dijo...

Mancantao. Jo, qué bien escribe esta chica. Jo, qué poco sé de arte. Jo, cómo molan estas entradas :D

Y a mí la Louise esta me parece una pánfila, y espero que no se haya enamorao de ella xDD

Gordi dijo...

Rizosa, corre el rumor de que era una mujer muy interesante y muy inteligente. Con esta información extra a mí me da la impresión de que se la pela lo que piense el otro, que va a asentir de un momento como si estuviera muy interesada, respondiendo "Ajá", o algo así, para pasar completamente del interlocutor.

Gracias, chicos, es un honor que Sil me deje apararecer de ver en cuando.

Sil dijo...

Bea, escribe de puta madre, asín de claro te lo digo ;)

Gordi, el honor es mío. Un honor y un lujo que quieras colaborar en ésta tu casa ;)

Anónimo dijo...

Me fascino muy buena reflexión.